El final, apoteótico, permitió que todos se acercaran al escenario para saludar a los músicos, felicitarlos, tocarlos, llevarse aunque sea un cabello de recuerdo (menos en el caso de Ricardo, claro está). Algunos, emocionados, no podían hablar (aunque se sospecha que el frío les había congelado los labios). Otros, los menos, por suerte, ya no estaban porque hacía bastante que habían preferido seguir "Fútbol de Primera" en el restaurante de la esquina. Allá ellos. En la platea estaban los parientes, los amigos, los amigos de los amigos, los amigos de los amigos de los amigos, y aun algunas personas que no conocíamos y que desde anoche, y por la expresión de sus caras cuando tocamos, sabemos que perderemos la oportunidad de conocer.
Todos, unidos (o complotados) para hacer realidad esta nueva experiencia beatle. Porque Mr. Kite, señoras y señores, es el futuro que soñaron los Beatles (quizá en alguna de esas noches en que tenían pesadillas).
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